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Noticia biográfica de Arturo Jiménez Pastor

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Noticia biográfica
escrito por Arturo Jiménez Pastor
Publicado en la revista « El cuento ilustrado » del 2 de Julio de 1918 ~ Ortografía original.~ (1)



Señores editores de "El CUENTO ILUSTRADO":

Correspondo a su requerimiento de una noticia biográfica para acompañar la publicación de "El escollo de arena" en la prestigiosa "Biblioteca" de cuentos con que contribuyen ustedes a difundir la producción novelesca de ambiente argentino en el público lector de cosas breves.

En realidad los únicos datos biográficos que pueden pretender alguna significación por su relacionamiento con las actividades que me llevan a figurar en el "EL CUENTO ILUSTRADO", son los que voy a hilvanar aparentando un desgaire que, aunque nunca está realmente en el fondo de las cosas cuando se escriben auto-biografías (porque éstas interesan siempre, mucho al que las escribe), sienta bien y disimula la cortedad consiguiente a la exhibición de la propia vida y milagros.

Empecemos, pues, por el hecho más importante, sin duda, además de primero en el cronológico, que es la venida al mundo. Acontecimiento que se produjo en San Nicolás de los Arroyos, provincia de Buenos Aires, donde nací el... (fecha reservada).

A éste sigue en importancia la recepción del diploma de abogado, que me expidió en 1900 la Universidad de Montevideo, donde cursé mis estudios por haberse establecido en esa ciudad mis padres, Don José Arcainos Giménez, chileno, abogado, que conquistó allí reputación de criminalista y orador, y Doña Mercedes Pastor, argentina (¡noble padre y dulce madre!) fallecidos ambos en Buenos Aires en, 1908.

En 1902 me presenté a disputar en concurso de oposición la cátedra de Literatura en la Universidad de Montevideo. Este concurso resultó famoso porque sus incidencias y sus resultados tuvieron en la opinión y en la prensa uruguayas una resonancia que repercutió en la prensa argentina: y esto porque, producidas las múltiples pruebas de competencia bajo el control de un auditorio cada vez más apasionado, que llegó a exigir la capacidad total del gran salón de actos públicos de la Universidad, el tribunal de concurso me propuso como catedrático al poder (ejecutivo, pero éste se negó a sancionar la decisión del tribunal por haber invocado el otro contendiente en su favor su condición de ciudadano uruguayo, que según la ley aplicable al caso, le atribuía derecho al nombramiento con preferencia al competidor argentino.

En honor de los uruguayos cúmpleme hacer constar que esto determinó un movimiento de simpatía pública cuya magnitud y significación me honraron excepcionalmente.

En 1904 me vine a Buenos Aires y me incorpore a la redacción de "El Diario", donde, bajo la emperiosamente fecunda dirección del maestro don Manuel Láinez escribí... ¡yo no se cuántas cosas!, hasta que pasé a dirigir " La Vida Moderna", semanario quizá no olvidado aún, que fundamos bajo el patrocinio de Láinez con mi hermano, Aurelio, dibujante eximio, todo el vigor ide personalidad, cuya temprana muerte arrebató en 1910, un bello espíritu al arte rio-platense.

En ese mismo año ingresé a la redacción de "La Nación", sin alejarme del primer hogar periodístico, de "El Diario", donde seguí escribiendo hasta 1913. En "La Nación", aparte las tareas comunes de redacción, tuve a mi cargo la crítica de teatros, como director de la sección respectiva, y en las páginas del gran diario que tan largamente vincula con el noble calor de su ambienté solariego, a los que han vivido su vida interna, se han publicado las imás de mis mejores producciones literarios periodísticas.

En 1913 fui nombrado profesor de Literatura castellana y argentina en el Colegio Nacional de Buenos Aires; en 1914 rendí en la Facultad de Filosofía y Letras mis pruebas de aspirante al título de profesor sustituto de literatura argentina, que obtuve. El mismo año había sido nombrado profesor de Castellano en el Colegio Nacional Rivadavia.

Y no hay más hechos que vengan al caso. Pasemos rápidamente a la producción literaria.

La primer composición poética que la vocación ambiciosa de gloria imperecedera hizo surgir de mi lira, se publicó cuando yo tenía doce años.

Y no se publicó porque fuera admirable, ciertaimente, sino porque mi nobilísimo padre, que, aunque hombre de talento era padre, creyó, pensando como tal, que aquello era bastante para la edad del poeta, y que el publicarlo seria eficaz estímulo de sus actividades. Así fueran éstas las de versificador, siempre suponían anhelo de "ser algo". Recogió, pues, los versitos, calóse el grave sombrero de copa y cruzó a "La Nación" (esto ocurría en Montevideo), donde se le consideraba mucho. Al día siguiente se había consumado mi bautismo de tinta de imprenta. Desde entonces, y mares de ese espeso vehículo de las ideas ha hecho correr mi implacable vocación!

Pero no nos echaremos a viajar por ese agitado océano. Diré sólo que lo más cuanto he escrito, — novelas, cuentos, a millares, notas de crítica musical y literaria, estudios de estética y literatura, versos, crónicas de viajes, obras dramáticas... ¡qué se yo! — anda dispersos en las infinitas "revistas" y diarios de ambas orillas del Plata, en que he colaborado desde mi adolescencia, o en archivos de teatro, o esperando su muy retardado y problemático "fiat lux" en el limbo de los atestados cajones de la sufrida mesa-escritorio.

Como éxitos singulares destacaré el de "La rendición", que favorecida con el primer premio entre lio novelas cortas presentadas al concurso de obras de ese género que organizó en 1901 "El País", entonces gran diario, tuvo también en su versión escénica un éxito para mí memorable.

Lo demás, publicado en forma de libro o representado en Buenos Aires, allá va en rápida conmemioración:

Libros: "Versos de amor" (1912), "El Himno Nacional" (1915), "Los poetas de la Revolución" (1917). Hago merced de los opúsculos jurídicos, pero mencionaré, aunque no llegó a artículo de librería, "Wagner en el llano", ensayo de un curso popular de wagnerismo publicado en folletines de "La Nación".

Teatro: "La rendición", comedia en tres actos, representada en 1906. "El rival de Lamartine" un acto (1906). "Ganador y place" un acto (1907). "La muerte del protagonista", prólogo y dos actos (1908). "La mancha", cuatro actos, (191-2). "Luz de sombra", dos actos, (1913). Agreguemos para hacer bulto,— la producción de últintas fechas, no representado aún: "El desconocido", pequeña comedia de salón ; "Fray Luis Beltrán", señor drama heroico en tres actos, prólogo y epílogo; y "La prueba del fuego" comedia en tres actos.

Y doy por terminada aquí la ardua tarea deseando que esto corresponda bien a los fines que han determinado la solicitud de ustedes.

Los saluda atentamente,


A. Giménez Pastor

Junio de 1918.

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