Aguárdame

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Aguárdame
escrito por Santiago Argüello
Publicado en el libro « La joven literatura hispanoamericana » del año 1906 ~ Ortografía original.~ (1)



En la comba más distante
de la noche se ve arder.
Lucerito trepidante,
como un ala agonizante
que ya va á desfallecer.

Desgreñada nube blanca,
ora tórnase en el anca
de un corcel que, en ansia suma,
impetuoso y vivo arranca,
como, al aire, leve pluma,
con aliento colosal;
ó es serpiente hecha de espuma,
que se escurre entre la bruma,
ó es dragón hiperboreal.

¿Por qué tiemblas, lucerito?
¿Ves acaso de algún rito,
pavorosa procesión?
¿Por qué un punto no estás quedo?
Lucerito, ¿tienes miedo
de la sierpe y del dragón?

Ya las nubes se deshacen....
Unas mueren y otras nacen....
Ya minúsculas, ya enormes,
van rodando, proteiformes,
en un loco andar sin fin.

Y cual telas arrancadas
de banderas desgarradas,
en el viento los cortejos
van perdiéndose á lo lejos,
de la noche en el confín

¡Oh lucero rutilante!
¿Tú eres ala de diamante
de un cocuyo de cristal?
¿De la bóveda tranquila,
lunarcito que cintila
en el rostro nocturnal?

¿Eres piedra soñadora
que allí el pecho condecora
de la Noche-Emperatriz?
¿Hay perfume en los secretos
de tus pétalos inquietos,
argentina flor de lis?....

No te engrías, pequeñuelo.
Negra envidia no hay en mí.
¡Oropéndola del cielo,
tembloroso luceruelo,
yo también he estado allí!

Tú eras flor, yo mariposa.
Cada estrella era una rosa
de la noche en el jardín.
Yo sorbía la aromosa,
la divina luz que exhalas,
y en los pliegues de sus alas
me arropaba un querubín.

¡Cómo pasa el tiempo breve,
luminosa flor de nieve!
En la sombra en que me pierdo,
se apenumbra mi recuerdo
de una grata indecisión....

Sólo sé que se hechizaba
con tu angélico donaire
mi celeste adoración;
sólo sé que te besaba
cual se besan en el aire
la corola y el gorrión.

En tu lumbre cristalina
á beber mil veces fui;
y ebrio ya de luz divina,
florecí ta diamantina,
en tu seno me adormí.

Algún día, esplendorosa,
¿de tu hermana mariposa
tu memoria se acordó?
¿No has pensado en aquel beso
que en tu ardiente seno preso
tantas veces se adurmió?

Si te miro parpadeando,
como un pájaro temblando
en la rama, el expirar,
¿es acaso mi embeleso,
que al recuerdo de aquel beso
van tus ojos á llorar?....

Si me olvidas, lucerito,
al retorno del proscrito,
¡qué de penas no tendrá!....
¡No me olvides, viva rosa,
que tu hermana mariposa
para ti renacerá!

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