Canto a Jesús

Free texts and images.
Jump to: navigation, search

Canto a Jesús
escrito por Martín Coronado
Publicado en el libro « Antología de poetas argentinos » Tomo X, del año 1910. ~ Ortografía original. ~ (1)



¡Salve á tu nombre, redentor del mundo,
Rayo y sostén de la conciencia humana,
A quien se vuelven en las horas todas
Los ojos llenos de tristeza y lágrimas!
¡Salve á tu nombre
Víctima santa.
Mártir sublime, que tu sangre diste
A los errores de la edad pasada!

El hombre antiguo, como el cuerpo inerte,
Que oculto empuje en el espacio lanza,
En su carrera de egoísmo, nunca
Miró la huella que al pasar dejara:
Nunca detuvo
Su errante marcha,
Para mojar los labios del sediento,
Para borrar el surco de una lágrima.

Nunca de hermano el cariñoso nombre
Llegó hasta el corazón con la palabra;
Nunca al gemido respondió el consuelo;
Nunca el amor convulsionó las almas.
Si una caía.
Se le apartaba.
Como á inútil estorbo, del camino
Donde la muerte su cabeza helara.

Mas tú, en un día de inmortal recuerdo,
Elevaste tu voz de aliento y gracia,
Para llamar á ti los desvalidos,
Los huérfanos de dicha y de esperanza;
Los que comían
El pan de lágrimas;
Los que á sus padres y á sus hijos vieron
Tocar la tierra con la frente esclava.

Del porvenir el misterioso libro
En el templo judaico se encerraba,
Y ellos, los pobres, los hambrientos, ellos,
Nunca salvaron la primera grada ...
¡Ah tú arrancaste
Su última página,
Y la arrojaste palpitante, viva,
A aquellas muchedumbres desoladas!

No ya Israel con insolente orgullo
Señor se dijo de la extirpe humana;
No ya Dios tuvo en su recinto sólo
Bl ruego del altar y la plegaria:
Todos los pueblos,
Todas las razas,
En tomo suyo y con placer de niño
Tomaron parte en el festín del alma.

La caridad, la caridad bendita,
Marchó sobre la huella de tu planta,
Y el amor y la fe se difundieron
En los giros de luz de tu palabra;
La tierra toda
Batió las palmas,
Y bajo el polvo de cuarenta siglos
Adán se estremeció: te adivinaba.

Tu obra concluía ... tu reinado, empero
No era del mundo, y la postrer mirada
Que de la cruz sobre tu grey lanzaste
En la hora de augustia de tu alma.
Nos prometía.
Nos revelaba,
Tras el límite negro de la tumba.
La eterna aurora de la eterna patria.

¡Bendito seas, redentor divino,
Rayo y sostén déla conciencia humana,
A quien se vuelven en las horas todas
Los ojos Henos de tristeza y lágrimas!
En donde quiera
Que un dolor haya,
¡Siempre á tu nombre irradiará el consuelo
Sobre la nube de la queja amarga!

Siempre en la frente de los hombres todos,
Como una estrella misteriosa y pálida,
El infinito brillará en su rayo
De la vida inmortal, de la esperanza;
Tendiendo siempre
Irán las almas,
Desde el suelo sin paz de su destierro
A la región de luz de tu morada!

SemiPD-icon.png Works by this author are in the public domain in countries where the copyright term is the author's life plus 97 years or less. cs | de | en | eo | es | fr | he | pl | ru | zh
  ▲ top